El post de hoy sólo está dedicado a la petición de firmas para exigir la aprobación de una ley de lenguas en Aragón, la cual debe reconocer la oficialidad de catalán y aragonés en los territorios aragoneses en los que se habla.
La ley de lenguas es un cuento de nunca acabar en Aragón, prometida desde hace décadas y dejada debajo de la alfombra tantas veces como ha convenido para no perder votos, o “no crear un problema donde no lo hay” como afirman sus detractores. Ahora mismo la situación está en que el partido que gobierna (PSOE) la va a llevar a debate sin tener siquiera el respaldo de su socio de gobierno (PAR). Los socialistas ya presentan una ley tibia (es una opinión, uno sería más ambicioso y haría una ley de un calado más profundo) que no tragan sus socios de gobierno, que se hacen llamar aragonesistas. Éstos no aceptan que aparezca la denominación “catalán” en la ley, atribuyéndose saber filológico hablan de “variedades dialectales autóctonas”, que científicamente no se sustentan por ningún costado, claro está con el apoyo del PP, partido que no quiere ni oír hablar de ley de lenguas, ni floja, ni fuerte, oficial la lengua del imperio y no se hable más. CHA parece dar su tímido apoyo, e IU hoy sí, mañana no, al otro sí y así andamos.
Lo que a uno le avergüenza es la manipulación política. La “comunidad científica” se ha pronunciado en multitud de ocasiones sobre la lengua que hablan los habitantes de la franja oriental del territorio aragonés, Real Academia de la Española de la Lengua (RAE), Institut d’Estudis Catalans (IEC), Universidad de Zaragoza (UZ), coinciden en clasificarlo como una variedad dialectal de la lengua catalana, es una realidad objetiva, palpable y comprobable por estudios de filólogos, lingüistas y sociolingüísticas. Pero el saber, la razón, es usada como papel higiénico por los dirigentes. Cala más hondo y corre como la pólvora el discurso nacionalista rancio y lleno de xenofobia a Catalunya. El problema es el nombre: catalán, el diablo.
No se trata de nacionalismos, ni de ansias coloniales, se trata de una lengua, de un patrimonio cultural a defender y conservar, de unos ciudadanos bilingües en posición de inferioridad con respecto a sus paisanos monolingües, de otorgar derechos a hablantes y no de imponer nada a nadie.
Jaume Sorolla
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