Wednesday, January 28, 2009

Año nuevo, ¿vida nueva?


Uno, al ser maestro, tiene dos momentos anuales en los que hace balance y se replantea el rumbo de su vida. Si virar a babor o estribor, hacer rutas largas o cortas, con o sin escalas, atracar o no en según que puertos, fondear en aguas tranquilas o buscar deliberadamente las tormentas. Esos dos tiempos de decisión son inicio de curso escolar y cada año nuevo.

La vida, así en general, aunque suene a filosofía barata, te va enseñando que los objetivos, los cambios que pretendamos ir introduciendo deben ser pequeños, alcanzables. Pequeños pasitos que puedan darse y que una vez andados nos animen, al no notar fatiga y percibir la facilidad de su consecución, a seguir en el camino. El caso contrario, metas utópicas o alejadas de la situación actual, grandes pasos, saltos o zancadas que pretendamos alcanzar en poco tiempo, tan difíciles de dar y que tanto cansancio puedan aportarnos, nos harán cesar pronto en el empeño.

Tal vez en septiembre me plantee recorrer trayectos demasiado largos y duros en poco tiempo. Tras tres cursos en que la EF no sabía hacia donde se dirigía, y por tanto no reconocía ni mi propio caminar, entre final de curso pasado e inicio del actual decidí organizar mi trabajo de una distinta manera, cogiendo otras bases teóricas sobre las que construir mi trabajo. Lo planteado requería revisar una amplia bibliografía nueva para mí, impregnarme de nuevos planteamientos teóricos que requerían horas de atención y concentración, renovar programaciones, construir materiales, etc. A ello añadir que en un inicio pensaba que sería una tarea que podría realizar en equipo y me he acabado quedando solo. Pasado el primer trimestre no he llegado ni a un 5% del camino que me gustaría recorrer, pero tampoco he fracasado. Ha habido cambios, quedan muchos por hacer, pero noto que estoy en la buena senda. El trabajo todavía está falto de rigor y coherencia, pero es infinitamente mejor comparado con el de los cursos pasados. Pequeños pasos.

En enero me he planteado otras metas, más relacionadas con el ámbito personal. De momento las estoy cumpliendo todas. Invertir en el talento de uno mismo para alcanzar la felicidad, dedicar tiempo a aquello que nos llena. Hace unos años no lo hubiera afirmado pero, hoy por hoy, para mi no tiene sentido ninguna actividad (ni personal ni profesional) que no nos aporte felicidad, paz interior y sensación de estar bien con uno mismo. El problema está en que entre esos quehaceres debe haber uno que nos aporte un mínimo de capital, no debería ser así, pero el mundo está construido al revés. Tiene como primordial e insustituible el dinero, sin el que es imposible vivir (consumir para vivir), y como accesorio la felicidad, de la que si nos dejan prescindir para vivir. Démosle la vuelta, dejemos el dinero como accesorio y como necesaria y básica la felicidad. Que paradojas, podemos vivir siendo infelices, pero nos dejan al margen si no tenemos dinero.

Otro día les cuento en qué invierto mi tiempo.

Jaume Sorolla

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